Adrian Hizo Algo Personal

Silksong: hilando tus emociones con la música

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En aquel lugar peligroso que decidí tontamente explorar, mis manos aprietan con fuerza el joystick cubierto por la transpiración. Con el corazón agitado, busco un punto de guardado antes de que pierda mi última máscara y me vea obligado a volver donde empecé. Entonces escucho a Shakra cantar, y mi cuerpo y mente se calman. ¡Por fin!, grito a la pantalla totalmente extasiado y cansado. Repentinamente y sin darme cuenta, me siento en paz. Ese sprite en 2D preciosamente dibujado me logra tranquilizar; y sin entender cómo, le presto más atención a sus cánticos excéntricos, de idioma desconocido, pero a su vez hermosos e indescriptibles. Y mientras resuena aquella voz en la silenciosa cueva, sonrío al monitor porque la siento como una amiga. Y ahí mismo, en aquel lugar peligroso para mi personaje y para mi cordura, se me revela lo que verdaderamente importa en Silksong: la música.

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Lo que más me gusta de esta segunda entrega es su estilo visual. Al igual que en Hollow Knight, es un verdadero placer admirar el arte y la animación. Es como si estuviera disfrutando de una película animada dibujada a mano de forma tradicional, pero que es interactiva. Es palpable el mimo que hay detrás de cada personaje. El enfrentamiento con Lace, la esgrimista blanca, fue prueba de ese mimo: admiraba sus movimientos y gestos tan detallados durante la batalla y deseaba que no terminase; todo mientras brasas que surgían desde la lava envolvían la lucha en una épica visual. La cantidad y variedad de personajes es abrumadora, y sorprende cómo logran que algunos parezcan tiernos y amigables, con una impronta de personalidad única. Tienen el efecto de sacarte más de una sonrisa. Pero los puntos más fuertes son sin duda la creatividad e ingenio de Team Cherry1; no cualquiera puede crear mundos llenos de habitantes (insectos) memorables.

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El combate es divertido y adictivo. A diferencia de su primera entrega, en la que las peleas frente a enemigos comunes no representaban mucho desafío, acá pasa al revés: son realmente difíciles. Estar rodeado por más de dos se vuelve un reto considerable, aunque resulta atrapante intentar descubrir los patrones de ataque y debilidades de rivales nuevos. Las hormigas rojas aceleraron mi corazón en bailes de bumerangs y estocadas que pusieron al límite mi paciencia, pero que tras superarlo culminaron en alegría pura. Dominar bien los movimientos de nuestra protagonista Hornet es una tarea ardua, pero aprender a moverte frente a los enemigos y acertar los golpes de forma precisa y arriesgada produce una sensación satisfactoria.

Hay un aumento de dificultad evidente ya que varios contrincantes restan mucha salud de un solo golpe. Cada vez que te atacan sientes el miedo de perder toda tu vida, lo que te mantiene alerta de forma constante. El juego te exige dedicar mucha más atención a los combates y al escenario, como también adecuarte a la rapidez de reacción, pero te lo retribuye con una de las experiencias más gratificantes a nivel mecánico.

El mapa es enorme y la cantidad de nuevos lugares que visitar es extenuante, así que siempre exploras. Lo realmente genial es moverte por el mapa a tu manera porque hay distintos caminos para un mismo destino. La partida de cada jugador será distinta dentro de un mapa que pareciera infinito. Silksong es un metroidvania que tiene muchos pasillos ocultos, lo que invita a revisitar viejos escenarios. Descubrir que puede romperse una pared o un techo, que desemboca en un pasadizo con atajos u objetos, genera una sensación de logro y placer indescriptible.

Aunque el mapa da sensación de agobio en las primeras instancias, el jugador no está a su suerte. El acceso barato a los mapas y a lugares clave de transporte que permiten viajar entre áreas hace que navegar por el mismo sea mucho más fácil y llevadero. También ayuda que los puntos de descanso y guardado sean bastante generosos; incluso te ofrecen la posibilidad de pagar para desbloquearlos.

Lo importante en esta entrega es la música. Lo que ofrece su compositor, Cristopher Larkin, es maravilloso. La banda sonora del primer videojuego ya destacaba, pero en esta oportunidad deslumbra. No hay nada más fascinante que estar dentro de una nueva zona de descanso y obligarse a detenerse por un momento a escuchar lo que está sonando de fondo. Te concentras e intentas descubrir la emoción que te invoca esa música. Con Choral Chambers te cuestionas qué historia hay detrás de esa sensación de tragedia, melancolía y éxtasis religioso derivado de ese coro armónico finamente creado. Lo mejor que tiene este juego es la capacidad de contarte algo e invocar emociones fuertes sobre las tierras que visitas utilizando solo la música y los elementos observables de los escenarios.

La experiencia que más me gustó fue haberme encontrado con Shakra, la cartógrafa que dibuja los mapas para que no te pierdas. Cuando la escuchas cantar, en aquella lengua foránea, sientes estar en un lugar seguro en el que querés permanecer todo el tiempo posible para oír su maravillosa y atrapante voz. Te da un momento de fascinación, intriga y relajación justo cuando te encuentras perdido y asustado. Otro encuentro de igual resonancia te lo da el amigable y pequeño Sherma, que con su obstinación y ferviente creencia contagia entusiasmo y esperanza al cantar. La música se vuelve una forma de conectar con sus personajes por más que no logres comprender el lugar ni las costumbres.

Los efectos de sonido y ambiente no se quedan atrás; los diálogos repetitivos de más de un bicho se te quedarán en la cabeza. Son divertidos de escuchar al igual que el sonido de asestar los golpes; pareciera que estuviese todo bien pensado. También tienen gran fuerza los momentos en que hay silencio, por la tensión que te genera seguir avanzando y que te espere algo que te ponga en aprietos.

Hay juegos que destacan solo en la dificultad y en la mecánica. Silksong apuesta a más: te lleva por un magistral viaje sonoro. No existe ninguna producción indie que lo iguale. Un diseño hermoso y original, una mecánica placentera y una banda sonora que te envuelve de forma profunda en su diégesis. La mezcla armónica entre sus componentes le da a la música el lugar que se merece. Sin embargo, cuenta con una dificultad elevada que puede alejar a jugadores no tan hábiles. Si se logra superar esa única barrera, te espera una conexión duradera con su música y sus bichos.

Mientras Shakra sigue en lo suyo, despierto de mi ensoñación y veo la silla en la que me sentaré para recuperar todas mis máscaras. Lamentablemente hay que insertar dinero para activarla, pero confiado y emocionado decido insertar los rosarios. La máquina elige trabarse y desactivarse completamente. Antes de partir a un final trágico, roto por dentro, me doy un regalo al quedarme un rato más escuchando cantar a una amiga.

  1. Team Cherry, estudio pequeño australiano que solo consta de 3 personas, ha demostrado maestría y dedicación al entregar un producto que es la envidia de la industria.